Un Fantasma Sin Pasado
Los hombres se convierten en demonios.
sábado, 12 de enero de 2019
viernes, 21 de junio de 2013
Ventana
Bañarse, cepillarse los dientes, vestirse, desayunar y salir al
trabajo, tareas que formaban parte de la rutina de Adrian, su vida no
era de muchas emociones pero era felicidad completa, una hermosa
esposa y dos maravillosos hijos siempre le esperaban a la llegada.
Una persona respetada por la comunidad, amigo del jefe de policía y
el alcalde, líder comunitario que había ayudado a limpiar su
vecindario de vicios, un héroe para las familias de bien de
Winterleafs, su comunidad, él era tal vez todo lo que cualquier
hombre en sus cabales desearía ser.
Le encantaba mirar por la ventana en invierno, ver a los niños
haciendo el muñeco de nieve, a los vecinos cantando villancicos e
instalando su iluminación navideña que terminaba dándole un toque
hogareño a toda la zona, le encantaba ver la nieve caer, en su
ventana… podía ver como caia cada copo de nieve, algunos se
estrellaban con el metal de su ventana… como a veces uno de los
copos apagaba las luces de navidad de su ventana… como esos copos
nublablan su visión y no podía ver a sus hijos por su ventana…
aclaraba su visión, y volvia a ver por su ventana… los barrotes
que restringían su libertad, el gris piso de asfalto del patio, a
sus compañeros de reclusión haciendo ejercicio también los veía
por su ventana…
Tal vez si aquella navidad lo hubiera pensado un poco mejor antes de
ahogar a su esposa y envenenar a sus hijos… solo tal vez esa
ventana seria de nuevo la de su casa en la navidad del 85’
Pecados
Sigo
huyendo, pero ya no hay salida, muchas cosas me han traído aquí…
Maldita sea, si tal vez hubiese elegido diferente, si tal vez… ya
no tiene sentido quejarme, ya lo sé, el destino está escrito y hoy
es el final.
No
sé quién reciba esta carta, escribo desde una casa vieja en
escombros, una más de las casas destruidas por la guerra aquí en
Rio, una guerra sin sentido, Dios… ¿cómo llegué a esto? Mi
nombre es Alex y soy… fui un joven más, un brasileño más, que
alguna vez tuvo sueños, que alguna vez tuvo familia, que alguna vez
tuvo esperanzas e ilusiones.
Ahora
no me queda nada, huyo de la muerte pero sé que al final del día me
alcanzará.
Jugué
al fútbol cuando niño, vivía feliz y cuando algo malo pasaba mi
mamá siempre… mamá perdóname… Dios mío…Yo solo quería
sacar a mi familia de la pobreza, quería que mi madre no tuviera que
vivir en esta miserable favela, en este rincón olvidado del mundo de
la ley de Dios y del mismo demonio. Estaba desesperado por darle un
mejor futuro a ella y a mis hermanos, ahora los he perdido, a ellos,
he perdido todo, solo si en vez de andar pereceando en las calles…
Si tan solo lo hubiera pensado mejor. Mi pecado mortal fue aceptar la
oferta de Pedrinho, acepté venderle mi alma a alguien tan malo que
estoy seguro que el demonio no haría negocios con él, empecé de
mensajero, llevando y trayendo dinero, armas, mercancía, todo
parecía fácil, era dinero fácil y me dejé llevar por la ambición.
Un
día Pedrinho me dijo que el jefe me quería conocer, tenía una
misión especial para mí, debía encargarme de un traidor, un soplón
que estaba pasando información a Antinarcóticos, lo cazamos con
Pedrinho, lo encontramos y apreté el gatillo, ese día al jalar del
gatillo, perdí mi alma, ya era un sicario. Empecé a hacer trabajos
pequeños, vagabundos que no pagaban, hombres de familia que
intentando frenar esa ola de violencia, querían hablar para detener
esta guerra, pero que eran silenciados con las balas de mi revólver.
Un
día se me ordenó mi primer gran golpe, debía encargarme del
ministro de justicia de Brasil, quien andaba pisando los talones al
jefe, el operativo debía salir a la perfección, era sentar un
precedente para que el gobierno se diera cuenta quien mandaba. El
golpe fue sencillo. Pedrinho manejó la moto, nos escoltaban dos
camionetas, estas cerraron el paso a los escoltas, quienes ya estaban
sobornados para facilitar el operativo, me bajé rápido de la moto,
abrí la puerta del automóvil, ahí estaba él con una niña de 4
años, “por favor, estoy con mi nieta, no lo…” no lo dejé
terminar su frase, sin pensarlo descargue el proveedor de mi 9mm, la
niña me miró a los ojos y por una milésima de segundo el mundo se
detuvo: el corazón ya estaba muerto y la esperanza estaba ausente
hasta el punto de sentir dolor. El golpe fue un éxito, nos fuimos de
ahí.
Ahora
el jefe me está buscando para matarme, no quiere cabos sueltos, a
Pedrinho lo acribillaron en la entrada de su casa mientras llegaba de
la escuela de su hija, yo estoy huyendo, alargando el inevitable
final que me espera, al que lea esto, no se quien sea, solo le digo
que esta carta es el último vestigio de humanidad que pudo salir de
mi.
Ya
no importa nada, ahora solo desearía un mundo que funcione sin
lágrimas, me revuelve la desesperación por dentro, yo ya estoy
muerto, y no por obra de mi jefe, las balas salieron de los ojos de
esa niña que me miraba con desesperanza, de los lamentos de mi madre
diciéndome que no siguiera más. Y sólo me queda una cosa por
hacer…
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