Bañarse, cepillarse los dientes, vestirse, desayunar y salir al
trabajo, tareas que formaban parte de la rutina de Adrian, su vida no
era de muchas emociones pero era felicidad completa, una hermosa
esposa y dos maravillosos hijos siempre le esperaban a la llegada.
Una persona respetada por la comunidad, amigo del jefe de policía y
el alcalde, líder comunitario que había ayudado a limpiar su
vecindario de vicios, un héroe para las familias de bien de
Winterleafs, su comunidad, él era tal vez todo lo que cualquier
hombre en sus cabales desearía ser.
Le encantaba mirar por la ventana en invierno, ver a los niños
haciendo el muñeco de nieve, a los vecinos cantando villancicos e
instalando su iluminación navideña que terminaba dándole un toque
hogareño a toda la zona, le encantaba ver la nieve caer, en su
ventana… podía ver como caia cada copo de nieve, algunos se
estrellaban con el metal de su ventana… como a veces uno de los
copos apagaba las luces de navidad de su ventana… como esos copos
nublablan su visión y no podía ver a sus hijos por su ventana…
aclaraba su visión, y volvia a ver por su ventana… los barrotes
que restringían su libertad, el gris piso de asfalto del patio, a
sus compañeros de reclusión haciendo ejercicio también los veía
por su ventana…
Tal vez si aquella navidad lo hubiera pensado un poco mejor antes de
ahogar a su esposa y envenenar a sus hijos… solo tal vez esa
ventana seria de nuevo la de su casa en la navidad del 85’
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